‘Detroit: Zona de Conflicto’ – Reseña

Dec 13 • Spoiler Alert • 472 Views • Comments Off on ‘Detroit: Zona de Conflicto’ – Reseña

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Salvador Medina @ayudamemalverde

La exitosa dupla guionista-director de Mark Boal y Kathryn Bigelow ha entregado algunas de las películas más emocionalmente poderosas de los últimos años. Tanto Zero Dark Thirty como The Hurt Locker, llegan al corazón de la sociedad norteamericana, su obsesión con la violencia y las cicatrices de la guerra.
La reciente llegada de Donald Trump a la presidencia, el reciente auge de personajes como Steve Bannon y los casos de violencia policial en Estados Unidos contra minorías, se han combinado para generar un ambiente de profunda tensión racial. Detroit (Detroit: Zona de Conflicto) recupera los eventos que sucedieron en el infame evento del Motel Algiers en 1967.
Detroit en ese momento era una ciudad en ebullición debido al auge de fábricas y empleos que tanto ansiaban las minorías, especialmente las familias negras. En ese contexto, la persecusión a la que habían sido sujetos, generaba conflictos entre los jóvenes negros (los más vulnerables) y la violenta policía local. Fue entonces que en el hotel Algiers, durante constantes e incesantes disturbios, se dio una combinación de factores que provocó un letal enfrentamiento entre civiles y la policía.
Con un estilo multicámara que mete al espectador a la acción, Boal y Bigelow prueban ser de nuevo una combinación destacadísima. No sólo son fieles a las víctimas de aquel día, sino que se trata de una representación digna del problema que se vive actualmente.
Detroit es necesaria y memorable. Bigelow genera una tensión brutal, poniendo a los protagonistas en situaciones al límite como pocas películas. Parece una película de acción pero es en realidad un drama sobre las vicisitudes de una sociedad dividida desde tiempo inmemorial.
Bigelow y Boal ponen a su sociedad frente al espejo. Y no es una imagen agradable.
Es quizás por eso que no haya encontrado la mejor recepción entre críticos, pues a diferencia de otras películas como Selma o 12 Years a Slave, no hay un final feliz o una lección. Todo lo contrario: es un golpe al estómago que no te deja tiempo de respirar.
Las actuaciones de cada uno de los personajes suena como una sinfonía, complementándose entre escenas, generando un retrato vital para entender al Estados Unidos contemporáneo.
Un logro total.

 

 

 

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