Michael – Reseña
Salvador Medina
Un par de semanas antes de su estreno, se viralizaron reacciones de fans que habían visto la biopic Michael de Antoine Fuqua sobre el Rey del Pop. Como era de esperarse, la gente en redes reaccionó como si se tratara de una sentencia de muerte. Pero lo cierto es que, una película con tantas expectativas, cumpla con las de todas.
Una figura tan grande como Michael Jackson, probablemente la estrella musical más grande de la historia, va a dividir audiencia, más con sus temas personales y familiares. Pero Fuqua y el guionista John Logan, se enfocan en un sólo periodo de su vida, dejando el resto para otra historia y algún otro interesado.
Pocas figuras han dejado una huella tan difícil de ignorar como Michael Jackson. Y aunque las controversias de los últimos años de su vida complican cualquier lectura simple de su legado, su impacto en la música, el baile y la cultura pop sigue siendo, décadas después, imposible de negar. Era, entonces, solo cuestión de tiempo que su historia llegara a la pantalla grande. Tras el éxito de Bohemian Rhapsody, el productor Graham King se propuso resucitar a otro ícono, y la pregunta era inevitable: ¿quién podría cargar con semejante papel?
La respuesta, en retrospectiva, tenía cierta lógica familiar: Jaafar Jackson, sobrino del Rey del Pop, debuta en el cine calzando los mocasines y los calcetines brillantes de su tío. Michael narra el ascenso del artista desde su estrellato infantil en The Jackson 5 hasta su evolución como solista, cuya serie de álbumes definió a toda una generación. Como Bohemian Rhapsody, la película no abarca su historia completa, sino que culmina en un final apoteósico en Wembley en 1988.

Desde los primeros minutos, la música resulta absolutamente embriagadora. Más allá de las interpretaciones, es el catálogo de Jackson el que convierte cada secuencia en algo cercano a una sesión colectiva y eufórica. Fuqua y Logan marcan aquí un giro evidente respecto a sus trabajos anteriores, y ese cambio les sienta bien: la narrativa tiene ritmo, energía y una vitalidad que refleja los primeros años de la carrera de Jackson.
El guion, sin embargo, cede demasiadas veces a la tentación de lo fácil: diálogos forzados, momentos edulcorados y una dependencia excesiva de la recreación sobre la reinterpretación. El tercer acto, en particular, pierde el hilo y se acerca más a un documental de concierto que a una biopic con un cierre narrativo completo.
Hay, con todo, actuaciones que sostienen la película con autoridad. Juliano Valdi, de doce años, es una revelación en el papel del joven Michael: lleva el primer capítulo con una vitalidad y un talento que se sienten genuinos, no ensayados. Y Colman Domingo, nominado dos veces al Óscar, construye un Joe Jackson magnético y perturbador cuya sombra se proyecta sobre toda la película, incluso cuando no está en cuadro.
Michael no es perfecta, y hay momentos en que se nota el peso de querer complacer a todos. Pero cuando la música suena y Jaafar Jackson ocupa el escenario, es difícil no rendirse.


