La Negociación – Reseña
Salvador Medina
Alguna gente no enloquece nunca. Qué vida verdaderamente horrible deben tener.
La frase de Bukowski encapsula perfectamente al héroe de La Negociación (Dead Man’s Wire) que no es ningún héroe, pero sí un hombre llevado hacia el abismo por un sistema concebido en aprovecharse en alguien como él.
Dirigida por el siempre indescifrable Gus Van Sant, La Negociación cuenta el caso real de Tony Kiritsis (Bill Skarsgård) que entra a Meridian Mortgage Company, una empresa de hipotecas para secuestrar a Richard Hall (Dacre Montgomery) y lo secuestra con lo que se llama un “dead man’s wire”, un mecanismo que asegura su supervivencia a cambio de garantizar la vida de su captor.
Poco conocemos de Tony antes de verlo a cuadro. Conforme maneja por las calles de Indianápolis, Estados Unidos, escuchamos la suave y seductora voz de Fred Temple (Colman Domingo), un locutor de radio que nos presenta la locación con estilo.
A Tony lo conocen todos: se presentan con él en la recepción del lugar, saben que lo están esperando y el propio Richard lo recibe con palmas y platillos y es que sabe que su padre, M.L. Hall (Al Pacino), el fundador de la empresa, era el verdadero protagonista de esa reunión. Pero desde Miami, manda a su hijo Richard a enfrentar a una de sus víctimas.

Pero Tony no va a aceptar esa afronta. Está listo, con el mecanismo de “cable de hombre muerto” y preparado para llevar eso hasta las últimas consecuencias.
Bill Skarsgård entrega una de las actuaciones más memorables del año. Hay algo en su Tony Kiritsis que resulta imposible de ignorar: un hombre empujado al límite que, lejos de perder nuestra simpatía, la gana con cada minuto que avanza la película. Lo que Skarsgård logra es infrecuente: hacernos entender, casi compartir, la lógica de alguien que el sistema clasificaría de inmediato como peligroso. Su Tony no es un villano ni un mártir; es alguien que simplemente dejó de fingir que las reglas eran justas.
Frente a él, Dacre Montgomery construye a Richard Hall con una complejidad que sorprende: victimario de Tony y de muchos como él, pero víctima también de la frialdad calculada de su padre, M.L. Hall, quien desde Miami manda a su hijo a resolver lo que él mismo rompió. Al Pacino hace lo que Al Pacino sabe hacer, y con eso basta.
La Negociación funciona como alegoría del capitalismo con una precisión que pocas películas se permiten. El “dead man’s wire” no es solo un mecanismo físico: es la única palanca que le queda a alguien a quien el sistema despojó de todas las demás. Y Van Sant, cineasta siempre puntual cuando elige sus batallas, lo sabe y lo filma con la distancia justa para que el espectador saque sus propias conclusiones.
Que al final liberen a Tony por locura no es un giro narrativo: es la película cerrando su propio argumento. Bukowski tenía razón. Alguna gente no enloquece nunca. Y qué vida verdaderamente horrible deben tener.


