Bugonia – Reseña

Dec 4 • Spoiler Alert • 489 Views • Comments Off on Bugonia – Reseña

El mundo se está apagando y, al parecer, Yorgos Lanthimos quiere empujarlo un poco más hacia el abismo. En Bugonia, una comedia negra tan sardónica como seca —probablemente su película más accesible hasta ahora—, sus dos instrumentos para acelerar el fin son un apicultor paranoico y una directora ejecutiva de biomedicina tan poderosa como temerosa.

Teddy (Jesse Plemons), sudoroso, terroso, obsesivo, se une a su primo Donny (Aidan Delbis), fácilmente manipulable, para secuestrar a Michelle Fuller (Emma Stone). Están convencidos de que es una alienígena de la especie Andrómeda enviada para destruir a la humanidad.

La teoría nace de podcasts conspiranoicos, foros delirantes y los “experimentos” caseros de Teddy. Para ejecutar su plan, él mismo dice, deben purgarse de sus “compulsiones psíquicas”. La película —y quizá el espectador— necesitan un acto similar de entrega para entrar en su juego.

Bugonia arranca con una intensidad casi insoportable. Lanthimos intercala escenas de Teddy y Donny entrenando en su casa —cómoda, pero desgastada— mientras Michelle hace su rutina matutina en un hogar aséptico, modernista. Ellos se estiran, hacen pasos altos, incluso llegan a castrarse químicamente. Ella corre en la caminadora y traga un puño de vitaminas. Los ricos: igual que nosotros, pero con mejores muebles.

Sus mundos chocan frente a la casa de Michelle cuando Teddy y Donny, vestidos con trajes plateados mugrosos y máscaras baratas, la secuestran. Le rapan la cabeza (el cabello es, según ellos, su canal de comunicación con su especie), la desnudan, la cubren de loción y la encadenan a una cama en el sótano. El resto de la película será, esencialmente, la interrogación de Teddy.

En el duelo verbal entre Teddy y Michelle se cuela el humor ladino característico de Lanthimos. Plemons y Stone dominan el encuadre con un simple gesto, un parpadeo, un tic que basta para desmontar al otro. La cámara de Robbie Ryan les da espacio total para trabajar. Michelle habla en el lenguaje corporativo de siempre: pasivo-agresivo, distante, irritante incluso, algo que no sólo desconcierta a Teddy sino que lo saca de quicio. El reparto se completa con Casey (Stavros Halkias), un sheriff torpe cuya ineptitud quizá arruinó una vida antes de que siquiera empezara.

Bugonia es una película furiosa. Está enojada con el mundo y con la humanidad. Pero su estructura revela ese enojo con una precisión inesperada. Teddy cree que él y Donny deben “romper” a Michelle antes del próximo eclipse lunar, en tres días, para poder llegar a la nave nodriza y negociar la salvación del planeta. Cada día es un acto, marcado por una tarjeta en la que la Tierra aparece cada vez más plana. En flashbacks en blanco y negro, Lanthimos conecta a Michelle con la madre de Teddy, Sandy (Alicia Silverstone), sometida a un ensayo clínico fallido. Teddy despotrica contra el dominio corporativo sobre nuestras decisiones, la esclavitud tecnológica y la destrucción del mundo natural, especialmente la desaparición de las abejas.

Visualmente, Lanthimos está más sobrio que de costumbre. Juega con la iluminación para convertir el sótano de Teddy en un pequeño infierno. Esa contención permite que la música tome el rol más estridente y que los espacios —el sótano mugriento, la arquitectura moderna y vacía del corporativo— amplifiquen el subtexto de la película: una crítica ácida a un mundo que, si no se está extinguiendo, parece decidido a actuar como si quisiera hacerlo.

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