La música visual de Terrence Malick

Jul 11 • Spoiler Alert • 406 Views • Comments Off on La música visual de Terrence Malick

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Salvador Medina @ayudamemalverde

Terrence Malick es un director tan elusivo como cautivante. Su talento, que nos ha entregado a cuentagotas a lo largo de los años, siempre despierta profundo interés entre cinéfilos cercanos a su obra. Y sobre todo, a actores que quieren tener el honor de ser parte de su filmografía, pese a su notable costumbre de haber dejado fuera de su corte final a renombrados personajes del cine mundial.

Los últimos años, sin embargo, Malick parece haber respondido a su necesidad como artista de canalizar las ideas que llevaban sembrándose en el durante décadas. Desde Tree of Life en 2011, Malick ha producido prácticamente un proyecto por año, con mezcladas temáticas, reseñas mixtas, pero un estilo visual inconfundible, establecido de la mano del impecable trabajo de Emmanuel Lubezki.

En 2017, el director norteamericano presentó el que ha sido quizás su proyecto más esperado: Song To Song. Protagonizada por una plétora de actores tanto jóvenes como consagrados, cuenta la historia de dos parejas y sus relaciones en el contexto musical de Austin, Texas.

Rooney Mara y Ryan Gosling interpretan a Faye y BV, compositores que buscan abrirse camino en el complejo mundo de la música. Cook, traído a la vida por Michael Fassbender, es un exitoso productor musical que trabaja con BV pero que se siente atraído por Faye. Y ahí se genera un triángulo amoroso que amenaza con separarlos.

Los tres tienen una relación cercana, acudiendo juntos a festivales de música y viajando a México, donde Cook insiste en seducir a Faye a espaldas de BV. Tiempo después, Cook conoce a Rhonda (Natalie Portman), una mesera que ve en el exitoso productor un medio a todo lo que no pudo obtener materialmente. Pero pronto se da cuenta que su estilo de vida no es lo que esperaba y comienza a caer en una espiral de depresión y conductas que chocan con su perspectiva religiosa.

Como suele suceder en la narrativa de Malick, Song to Song se nos presenta como una visión personal de cada personaje, saltando de perspectivas a través de sus voces que van narrando los sucesos con los que se van enfrentando.

Si bien es cierto que la relación de BV y Faye, sus conflictos y relaciones esporádicas son el hilo conductor de la historia, Malick juega introduciendo a terceros que intentarán interceder en su camino. De ahí que las apariciones de Cate Blanchett, Holly Hunter, Bérénice Marlohe y Likke Li sirvan como un juego amoroso y narrativo.

El problema de Song to Song yace en que se trata de un trabajo repetitivo para Malick. Cuando el cineasta se separa de las acciones y los diálogos que nos presenta en pantalla y recae más en los personajes como narradores omniscientes, la historia pierde fuerza y le quita protagonismo a actores que enriquecen la película.

“Vivíamos de canción a canción. De beso a beso”, explica Faye sobre su relación con BV. Su voz es la que une la narrativa de la historia, pero pese a que nos va explicando lo que va viviendo, no logramos conectar emocionalmente con ella ante la insistencia del director de introducir elementos narrativos simbólicos o demasiado fugaces.

Pese a ello, Song to Song y su juego de improvisación ganan con la intervención de un artista del tamaño de Lubezki. Es su fotografía personal e intimista lo que nos hace entender las circunstancias, el juego de intrigas y traiciones que se entrelazan y se revelan en el camino.

Malick quizás ganaría más, y sus películas con ello, apoyándose más en el guión y dejando tanto del producto final en la sala de edición. Se trata de un cineasta imperdible cuyas obras siguen siendo originales, profundamente estéticas y reveladoras de la naturaleza y el instinto humano, pero que en ocasiones se desvía de lo que trazó en un principio.

 

 

 

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