El bullying: definiciones, pactos y nuevas variables

Jun 27 • Artículos • 1904 Views • Comments Off on El bullying: definiciones, pactos y nuevas variables

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Salvador Medina @ayudamemalverde

El Secretario de Educación Pública, Emilio Chuayfett Chemor, aseguró que en agosto iniciará un programa piloto contra el acoso escolar. Esto, diez días después del caso de Héctor Alejandro Méndez de Ciudad Victoria, Tamaulipas, un estudiante de doce años que falleció tras ser golpeado por sus compañeros de clase.

Tras diversos casos de acoso escolar y discriminación contra jóvenes estudiantes, los medios se han dado a la tarea de poner el bullying en la mesa de conversación. Con un término relativamente nuevo y una fraseología extranjera, se ha introducido de lleno en nuestra vida cotidiana.

De repente, aparecen cifras apabullantes: De 2011 a 2013 los casos de bullying aumentaron diez por ciento a nivel nacional, de acuerdo con cifras de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH); México ocupa el primer lugar a nivel internacional de mayores casos de bullying a nivel secundaria según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE); el fenómeno afecta a más de 18 millones de estudiantes de primaria y secundaria. Continúa un vasto y revelador etcétera.

PimkieEntonces, ¿cómo entender este repentino auge en México? ¿Realmente estamos ante un desenfrenado aumento? Pero según investigadores, las respuestas no son tan sencillas y calculables. En primer lugar, el bullying es una definición relativamente nueva. Según Sergio Molano académico del Departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana, el término existe en América Latina desde los años 80’.

Estas conductas de acoso y hostigamiento sucedían desde antes de esa época, es decir, desde que la escuela es tal, podemos reconocer algunas de esas conductas, recordó. El hecho de haber reconocido el término y haber puesto nombre a esas actitudes, nos permite acercarnos más al objeto de estudio.

“El bullying es un tipo de violencia. Esta generación que nosotros empezamos a reconocer en los ochenta, con la aparición el término en México, es la que ahora es el adulto o joven que participa en los actos de violencia en general en el país. Si el bullying es un tipo de violencia, la comunidad escolar está jugando un papel fundamental”.

La sociedad que genera una condición de violencia, repite esos patrones en la escuela y asume esa condición y la reproduce. Es un círculo vicioso importante. “En este círculo vicioso, hay que concebir el bullying no sólo entre dos chicos que se molestan cotidianamente, sino en un sistema comunitario escolar, un sistema familiar, un sistema social local, un sistema económico, que tiene que ver con el fenómeno y no es solamente psicológico”.
Pero, como dice el maestro Molano, la comunidad escolar no termina con las rejas, no acaba cuando suena la campana. Hoy en día, hay un segundo que molesta a otro, existe otro que lo graba con un teléfono inteligente y se difumina la información por redes sociales. Por lo tanto, no puede existir un control por parte de las instituciones escolares.

Además, Sergio Molano insiste en una complejidad con los medios de comunicación. En los 80’, “algún chico que molestaba a otro salía de las paredes de la escuela y la escuela ya no participaba de esa comunidad escolar. Es decir, ya estaban afuera de la escuela”.

Si el hostigador no tiene un público pierde sentido el hostigamiento. Con el auge de las redes sociales, cuenta con millones de públicos posibles, asegura Molano.

Respecto a la cobertura y espacio que los medios le han dado, Mario Cruz, coordinador de la Maestría en Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana, considera que la parte del bullying, definida como acoso o maltrato escolar realmente ha sido muy visibilizada sobre todo porque en los últimos años en México ha habido una gran exposición de los derechos de la niñez.

“Hoy día es reconocido a nivel mundial que los niños son titulares llenos de derechos y justamente uno de los derechos que viene asegurándose en el ámbito escolar pues es justamente una estancia en un espacio donde no haya violencia”.

Para el doctor Mario Cruz, debe existir una capacitación activa con los maestros respecto al bullying. Además, recuerda que en el pasado, éstos comúnmente castigaban a los alumnos.

“No era mal visto que hubiera un tipo de agresión física en el espacio escolar, incluso infligidos por los propios docentes, continúa. Estamos viviendo un momento muy particular porque si especialmente vemos cómo hay una falta de capacitación y sobre todo una falta de concepción de los derechos de la niñez, aunado a unos modelos de violencia donde todos nosotros estamos viviendo, realmente era un caldo de cultivo muy claro para este tipo de manifestaciones”.

El bullying es multifactorial, coinciden todos. Y el doctor Mario Cruz ahonda: el gobierno tiene las herramientas para combatirlo y hay que hacerlas valer de manera coordinada. De lo contrario, se trataría de una solución parcial.

Y es que las propuestas de la Secretaría de Educación Pública son profundas y extensas. Involucran capacitación a profesores y docentes así como el reforzamiento de estrategias de gestión y organización escolar; establecimiento de dependencias locales para la atención de casos de violencia escolar; elaboración de estudios a nivel nacional, estatal y regional respecto del problema; promoción y supervisión cotidiana del ejercicio y protección de los derechos humanos, la vida democrática y el aprecio a la diversidad.

Es decir, existe un plan consensuado al respecto. Por ello, José de Jesús Torres Vera, Coordinador de la carrera de Psicología Clínica de CETYS Universidad, insiste en volver de estas iniciativas algo permanente.

“Es decir, que se vuelva un programa integral en el que participen directivos y docentes, que se les capacite para detectar a tiempo la sintomatología, los comportamientos que presenta la víctima, que presenta el ofensor, los estudiantes. Así como un programa donde participen los padres de familia”.

De igual manera, el maestro Molano coincide: El bullying es multifactorial.

“Es cierto que es fundamental la participación de la comunidad en detener la violencia. Es necesario que los padres de familia estén presentes, que los profesores sean capacitados, algunos creen que es necesario legislar. En mi opinión, un chico de doce años no puede ser un criminal, inclusive en casos como el de Tamaulipas”.

El doctor Mario Cruz: “Lo que se tiene que hacer de manera clara es involucrar a los diferentes agentes respecto al bullying. No es únicamente la escuela en un ámbito general. Se busca establecer una medida más integral, se tiene que involucrar también a las comisiones estatales de Derechos Humanos, e inclusive, a personas de procuraduría, de seguridad pública, de la Procuraduría Social del DIF y comisiones estatales, así como organizaciones de la sociedad civil”.

Así, queda claro que debe existir un consenso a nivel social no sólo respecto al fenómeno del bullying sino al de la violencia, al cuál pertenece. Y aquí existe otro factor fundamental, ignorado y, últimamente, trascendental.

Un estudio realizado en 2014 por las universidades de Harvard y UC Berkeley examina la relación entre la movilidad social y la segregación racial, desigualdad de ingresos, calidad escolar, capital social y estructura familiar. Pese a que muchos actores políticos apuntan a que la calidad educativa debe salir a la cabeza del análisis, el resultado arrojó una sorpresa: la estructura familiar importa más.

“La estructura familiar se correlaciona con la movilidad social no sólo en un nivel individual sino comunitario, quizás porque la estabilidad del ambiente social afecta el futuro de los niños más ampliamente”.

Esto afecta significativamente el riesgo de encarcelación, la salud mental y sí, también el suicidio, una tendencia que está relacionada directamente con el bullying. Si este análisis se hiciera en México, se concluiría seguramente que también aumenta los índices de alcoholismo, una adicción que impulsa la segunda causa de muerte entre jóvenes: los accidentes de tránsito.

Pero hace unos años, ésta era la principal causa de muerte en México. ¿Cuál ocupa actualmente la número uno? Roberto Campa Cifrián, subsecretario de Prevención y Participación Ciudadana de la Secretaría de Gobernación, aseguró en marzo de 2013 que la principal causa de muerte entre los jóvenes es el homicidio doloso.

Desde entonces, varias fuentes cambian los accidentes y la violencia en los dos primeros lugares. Pero sea cual sea la principal causa de muerte entre los jóvenes del país algo queda claro: se han cometido errores que pueden tardar generaciones en corregir.

En un tercio de las familias mexicanas está ausente la figura paterna, y en el resto, donde los varones sí están presentes y sus esposas trabajan, sólo la cuarta parte colabora en las labores domésticas y el cuidado de los hijos, según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI).

De 22.3 millones de núcleos familiares registrados en el Censo Nacional de Población y Vivienda 2000, 14.9 millones (65%) tenían en la estructura familiar a un padre. De este último porcentaje, casi en la totalidad estaba presente la cónyuge, y apenas en 2.2 por ciento el padre estaba solo.

Es decir, hay 7.9 millones de núcleos familiares que no cuentan con un padre. Y, si se considera que el estudio de Harvard y Berkeley arrojan que la presencia paternal es esencial en un nivel biológico, estamos frente a un panorama desalentador. La migración ha creado a una generación sin padres. La violencia generada desde la llamada “Guerra contra el Narcotráfico” emprendida por el expresidente Felipe Calderón, amenaza a otra.

En Estados Unidos ya tomaron nota sobre la importancialorena pajares de la estructura familiar como catalizador de la movilidad social. Por ello, el presidente Obama lanzó la iniciativa My Brother’s Keeper que permitiría a niños huérfanos tener una figura paternal.

Y, como dice Stephen Marche en Esquire, Obama luchó contra la iniciativa, considerando que tiene todo lo que un programa nacido de la izquierda busca evitar: que se perpetúe el estigma de la familia como base fundacional.

Pero no se trata de los viejos acuñados conceptos. “La familia” ha cambiado. No importa si hablamos de antiguos modelos estructurales o de los más recientes. La estructura familiar debe ser ancla de los programas en contra de la violencia.

Y no, no hablamos de reducir la tasa de divorcio, o de redefinir el matrimonio desde un punto de vista religioso: se trata de dejar atrás el machismo lacerante que ha golpeado a México desde tiempo inmemorial.

Hace exactamente cuatro años (“Lo que dice el silencio: detrás del acoso escolar”) escribía sobre el caso de Phoebe Prince, una joven estadounidense que se quitó la vida tras ser víctima de bullying: “Quizá el acoso escolar en México no tenga espacio en los medios, pero no es necesario saber de un caso particular como el de Phoebe Prince para tomar medidas al respecto, ¿o sí?”.

Pues sí, tuvo que pasar así. Medios y sociedad ignoramos las señales y después, buscamos culpables. Pero, como en todas las manifestaciones de violencia, existen múltiples factores a considerar. Académicos, funcionarios y expertos saben que el camino hacia la solución es la cooperación.

Tiene razón Stephen Marche cuando dice que “los culpables no son los entrenadores que hacen bullying. Los culpables son los hombres que no están entrenando. El problema no son los inevitables fracasos de los hombres que se presentan. El problema son los hombres que no se presentan”.

El bullying es un problema nacional como lo es la violencia. Y esto incluye a la violencia de género. Por años hemos ignorado los grandes problemas hasta que aparecen algunas señales, como advertencia. No vamos a dejar que otro síntoma se presente antes de señalar al verdadero culpable. ¿O sí?

 

 

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