Donald Trump: el bufón que llegó a la Casa Blanca

Mar 8 • Artículos • 830 Views • No Comments on Donald Trump: el bufón que llegó a la Casa Blanca

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Salvador Medina @ayudamemalverde

¿Por qué el perro mueve la cola? Porque la cola no puede mover al perro.

Esta frase anglosajona, muy utilizada en los medios de comunicación, describe perfectamente el estado actual de la política estadounidense.

La llegada de un hombre de raza negra a la Casa Blanca prometía nuevos tiempos. La nación más poderosa del mundo, que desde hace décadas lucha contra sí misma para convencerse como una sociedad más progresista y plural, se ha dividido en dos.

Se trata del único país desarrollado que va a contracorriente socialmente: Estados Unidos tiene la mayor cantidad de población que se rehúsa a aceptar el cambio climático como algo real; se trata del país con mayor número de creyentes en ángeles; y tienen más personas encarceladas per cápita en el mundo.

En el centro de su flagrante nacionalismo, existe una división social absoluta. Los conservadores y liberales solían ser rivales plurales. Hoy son enemigos frontales. Y en gran medida, ha contribuido la parcial perspectiva de los medios conservadores cuyo objetivo principal es detener la “agenda liberal”. Sea lo que sea en sus ojos.

3500Y en ese tenor, en esa necesidad absoluta de derrotar a los demócratas y con ello, el progreso social de su país, crearon un monstruo. Y su nombre es Donald Trump.

El infame millonario cuyos mayores logros son su carta de presentación pero que oculta sus rotundos fracasos, es el líder por la carrera a la Casa Blanca del Partido Republicano.

Con su patético historial político que se reduce a acusar de Barack Obama de no haber nacido en Estados Unidos (porque es imposible que un hombre de raza negra pueda aspirar a la silla presidencial), de menospreciar el papel de una mujer (Megyn Kelly) como moderadora de su debate cuando tuvo su peor participación, así como prometer que ningún musulmán entrará a su territorio, una política claramente discriminatoria y prejuiciosa cuyo único resultado será crear mayor odio hacia su nación y su persona.

Y es fácil entender cuál es el atractivo de Trump para sus seguidores. Según una encuesta de Vox.com, se encontró que la mayor parte de ellos, más que la religión, nivel de educación, edad, etc., se identificaban con su autoritarismo. Y cómo no entenderlo. Ha hecho amenazas abiertas a John McCain, quien ni siquiera lo mencionó, al ex candidato Mitt Romney, y promete instaurar leyes que prohíban a medios publicar cualquier crítica contra su persona una vez sea declarado presidente.

La democracia es un sistema delicado. En primer lugar, porque quienes votan deben conocer a la persona que habrán de elegir. Esto la vuelve, en muchos sentidos, en un concurso de popularidad. Y nadie recibe mayor atención en los últimos meses que ese bufón llamado Donald Trump.

El diálogo del Partido Republicano ha llegado a tal ridículo que Trump defendió el tamaño de su pene ante insinuaciones. En su momento, se negó a rechazar el apoyo de David Duke, el líder del Ku Klux Klan.

Donald-TrumpSe trata no sólo de un tipo sin escrúpulos sino cínico, un habitual mentiroso y capaz de cualquier cosa con tal de ganar votos y seguidores.

Es la cúspide de la teledemocracia. Los ciudadanos están confundiendo el entretenimiento por empatía y sus declaraciones por los diálogos de un personaje. Pero Trump es tan real como su posibilidad de llegar a la Casa Blanca.

El guionista de Idiocracy, la película de Mike Judge que desentrañó la tradición americana de enaltecer la ignorancia y predijo la decadencia intelectual de aquel país a partir de la televisión y los medios, publicó recientemente que nunca pensó que su filme se volviera un documental.

Es la misma razón por la que un tipo como Kanye West se cree capaz de llevar los hilos del país más poderoso del mundo. Este culto absoluto a los medios, este mundo de tabloides y noticias fáciles en el que vivimos, es la razón por la que los bufones se creen capaces de hacer cualquier cosa.

Lo de Trump no es una casualidad: es una consecuencia directa de los medios masivos de comunicación y su papel en la vida ordinaria. Nos hemos acostumbrado tanto a ver estas personas en una pantalla que creemos que no son reales, que no existen, que sus acciones no tienen consecuencias.

Pero elegir a Trump a la Casa Blanca sería el punto más bajo en la historia de Estados Unidos. Sin duda alguna. Anne Applebaum de The Washington Post se atreve a decir que se trataría del fin de Occidente como lo conocemos.

Sea lo que sea, el auge de figuras como Trump, Vladimir Putin y Marine Le Pen son síntoma de una sociedad respondiendo a la globalización y a la fusión de culturas. La Sociedad del Conocimiento debía ser el momento más importante de nuestra historia, la sacudida del status quo, el ascenso de los intelectuales al poder. Pero ha significado lo opuesto: una inevitable caída a la estupidez, la ignorancia y el peligro que lleva consigo la inconsciencia del poder.

 

 

 

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