Adiós a mi Parma

Jun 24 • Especiales • 1514 Views • Comments Off on Adiós a mi Parma

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Salvador Medina @ayudamemalverde

Hay pocas cosas tan importantes en la vida de un hombre como la fidelidad. Y la que tiene con el equipo de sus amores está muy arriba, apenas por debajo de la mujer. Así concibo yo al menos el fútbol. Crecí con los colores de las Chivas. El rojo y blanco han formado parte de mi visión del mundo, de mi perspectiva hacia el deporte.

Me marcó de manera significativa el campeonato frente a Toros Neza, una goleada humillante que dejó al Rebaño Sagrado, durante casi dos décadas, como el equipo más ganador de México. Claro que los torneos cortos se han encargado de hacer que equipos de menor estirpe, se acerquen o rebasen a históricos como el propio Chivas, América y Cruz Azul. Los campeonatos de medio año deberían valer la mitad que los viejos, pero ése es un tema para otro texto.

Igual de significativa fue la absurda derrota en la final contra el Necaxa. Fui a los dos partidos, en el Azteca y el Jalisco, y no me despegué del asiento ni con el silbatazo final del árbitro, como si la gravedad supiera de mi tristeza.

Y es que a un equipo lo amas aunque pierda. Es parte de ser un seguidor. Te enamoras de lo que representan su uniforme, de su historia, sus glorias. Y ves al que apoya otros colores como a un extraterrestre. Ser fanático de un equipo es poseer una verdad que a todas luces sólo es tuya. Es lo más cercano que tengo yo a una religión. Le podría llamar, casi casi, fe.

Crecí durante los noventa al fútbol. Raúl González Blanco fue mi estandarte del madridismo, la fusión perfecta entre caballero y futbolista. Un ejemplo para las deportistas que anteponen los lujos y la imagen a su profesión. Pero el amor por el Real Madrid se me fue con su transferencia al Shalke 04. No podía admirar ya a un equipo que dejó ir a su capitán, a un hombre que se moría en la cancha, por la arrogancia de un elegido portugués.

Pero más que las Chivas y el propio Real Madrid, un equipo italiano me enamoró del fútbol.

Bv-9XVwIIAECSJ4Parma es una ciudad de apenas 180 mil habitantes. Es considerada una de las más bellas de Italia, inundada de privilegios y placeres. En su estadio Ennio Tardini, jugó uno de los equipo más dinámicos de los años noventa.

Pocos recuerdan que Arrigo Sacchi es uno de los responsables de la consolidación del Parma en Serie A. Tras dirigirlos en la segunda categoría, Sacchi hizo de su equipo uno de respeto. En su primera temporada, eliminó al histórico Milán de la Copa, por lo que Silvio Berlusconi lo hizo su entrenador.

Después llegó Carlo Ancelotti en su debut como técnico y los dejó en una histórica segunda posición de la tabla, dándoles acceso, por primera vez, a la Champions League. Tras el éxito de Ancelotti llegó Alberto Malesani al banquillo, el hombre que le daría ese estilo al equipo.

Jamás había visto tal calidad de juego, tal forma de tocar el balón, de dominar a un rival, de hacer arte de un simple juego. El Parma de esa década es quizás el equipo más subestimado en la historia del fútbol. Ganó dos copas de la UEFA y poco más. Pero alimentó al fútbol mundial como pocos equipos han hecho.

El Marsella, capitaneado por Laurent Blanc, no tenía posibilidad alguna contra el Parma. La final de la Copa UEFA de 1999 tenía en los Crociati, a uno de los equipos más temibles del planeta: Gianluigi Buffon, Lilian Thuram, Néstor Sensini, Fabio Cannavaro, Alain Boghossian, Dino Baggio, Diego Fuser, Juan Sebastián Verón, Paolo Vanoli, Enrico Chiesa y mi delantero favorito, Hernán Jorge Crespo.

Parma1999j_4797340_15490896El técnico Alberto Malesani había dado un estilo particular al Parma. No parecía equipo italiano y el catenaccio no era una táctica aceptada. Y hubiese sido pecado con tal talento en la cancha. Me había perdido pocos minutos en la temporada, la mayor parte de ellos por perseguir mi propio sueño de jugar en el Parma, y ésta no sería la excepción.

Por alguna razón, TV Azteca transmitió el partido. Vi los dos goles de Crespo y el de Vanoli narrados por José Ramón Fernández. Y al final, cuando el Parma se coronó, menospreció el resultado. Todavía recuerdo sus palabras “es un gran campeonato para equipos que quedan en tercero o segundo lugar en sus ligas”.

Pero yo estaba viendo a uno de las mejores alineaciones que se tengan memoria, no importaba que alguien no se diera cuenta.

Por desgracia, el sueño duró poco. La crisis de Parmalat, la empresa dueña del equipo, arrastraría al Parma a deshacerse de sus estrellas. En poco tiempo, el equipo tendría algunas de las ventas monetarias más grandes en la historia del deporte: Crespo a la Lazio, Buffon, Cannavaro y Thuram a la Juventus.

De un momento a otro, el Parma cambiaba su fisionomía. Futbolistas como Nakata, Adriano, Mutu, Amoroso, Benarrivo, le dieron respeto al equipo. Y su capacidad por seguir formando futbolistas, lo mantuvieron a flote. Hasta que sucedió lo inevitable.

Según The Guardian, la crisis de la lechera es parma-fcconocida como el Enron de Europa.

“La compañía (Parmalat) – la octava más grande de Italia, empleaba a 36 mil personas y representaba el uno por ciento del PIB de Italia – había acumulado una deuda de $20 billones. (Calisto) Tanzi (Presidente del equipo) fue sentenciado por fraude y asociación delictuosa, entre otras cosas, y sentenciado a más de 17 años de prisión. El equipo fue administrado por un fideicomiso señalado por la corte. Les tomó cuatro años antes de encontrar un nuevo dueño, pero en 2007, lo hizo, en quizás el hombre más odiado en Parma hoy, Tommaso Ghirardi“.

Lo que sucedió con el equipo es por muchos conocidos. Varios años de estabilidad económica y deportiva llevaron en 2014 al equipo a clasificar a Europa por primera vez en décadas, de la mano de una extraordinaria gestión de su técnico Roberto Donadoni.

Con un gran equilibrio entre figuras como Alessandro Lucarelli, Amauri, Gabriel Paletta y Antonio Cassano, y con un grupo de talentosos jóvenes, Donadoni hizo lo impensable y puso al Parma un paso más cerca de sus ansiadas glorias. Pero el castillo de naipes se derrumbó pronto. La UEFA negó al Parma la licencia para competir en torneo europeos por adeudos de impuestos.

Según Andrea Schianchi de La Gazzetta dello Sport, las deudas comenzaron en 2009. Pero las alarmas sonaron cuando un reporte mostró que el equipo tenía a más de 250 futbolistas bajo contrato. Los equipos más grandes de la liga, tienen una cuarta parte de ese número.

Tras la negación de la licencia de la UEFA, Ghirardi anunció su retiro del fútbol y la venta del club. Pero los futbolistas del Parma convencieron a través de una conmovedora carta a su presidente, quien aceptó permanecer al frente. Pero ya todo había cambiado.

61a8b43e-f6af-4e4a-a00c-2e9cddcb5f72-2060x1371El Parma pasó entre manos sin más. Se probó que el “hombre más odiadio de Parma” había acumulado una indescifrable deuda de más de 200 millones de euros. Nada sacaría del abismo a este histórico club. El equipo de mis amores.

Y así, la decisión que envía a la Serie D al equipo tras no encontrar un dueño capaz de asumir la deuda y las riendas, es algo que me rompe el corazón. Más de 20 años de afición a un equipo tirados a la basura por la ambición y la ceguera de unos cuantos. Pese a todo, me quedo con los futbolistas que ahí pasaron, los que sudaron la camiseta, los que entendieron la responsabilidad de defendarla una y otra vez.

Eso es lo que queda. No basta la resignación. Ni mucho menos el olvido. Este equipo lo traeré tatuado siempre. Sus playeras las tengo bien guardadas. Todavía recuerdo cuando mi padre dudó en comprarme la primera porque sus colores asemejaban los del América.

Pero a mis hijos, los que espero hereden mi afición por el deporte, les enseñaré del Parma, de los hombres que por aquí pasaron, y de lo que significa serle fiel a una idea, a un sueño, a una pasión. Si eso es lo único que les dejo, creo que habré hecho bien mi trabajo.

 

 

 

 

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